Cayó al suelo una cosa exquisita, una cosa pequeña que podía destruir todos los equilibrios, derribando primero la línea de un pequeño dominó, y luego de un gran dominó, y luego de un gigantesco dominó, a lo largo de los años, a través del tiempo. La mente de Eckels giró sobre si misma. La mariposa no podía cambiar las cosas. Matar una mariposa no podía ser tan importante. ¿Podía? (El ruido de un trueno - Ray Bradbury)

La Grabación (2)

En este link está la primer parte de este relato. ¡Espero lo disfruten!

Llegó a su casa a las ocho y media de la noche. Ese día se había retrasado un poco y estaba algo molesto. La puntualidad era muy importante para él. Llegó nervioso y decidido a escuchar la grabación. 

Cenó ligero y subió a su habitación. Ahí estaba. La mesita de luz. El cajón cerrado. El grabador. El mensaje. 

La ira lo invadió. Apretó los dientes y perdió el control. Revoleó contra la pared el saco, tomó una silla y la rompió contra el piso. Se movía por la habitación y se golpeó contra el placard. Al caer tiró el velador, que se hizo pedazos contra el suelo. Cayó sobre la cama y en ese momento estalló en llanto. Ahí quedó un rato, llorando y pensando en lo que nunca tendría que haber hecho. 

Cuando despertó la habitación estaba revuelta. Al apoyar los pies en el piso pisó sobre los pedazos del velador. Miró y sintió vergüenza por haber pedido el control de esa manera. Culpó a la grabación y decidió ponerle fin. Pensó en borrarla. Descartó la idea. La duda lo perseguiría hasta el fin de sus días, dijo en voz baja. 

Decidido, abrió el cajón y tomó el grabador. Lo puso sobre la mesa de luz y apretó play. 

Al principio sólo silencio y luego de unos segundos un voz. Parecía su propia voz. Una mezcla de ansiedad y nervios lo invadió. Un sabor amargo llenó su boca y sentía que el corazón se le salía del pecho. 

Todo era muy confuso, hasta que el sonido aclaró y oyó con nitidez. 

Una carcajada que heló su sangre y de nuevo silencio. Pasó un instante que pareció una eternidad y la voz retornó. Luego de tantos años de encierro, por fin estoy libre, escuchó con su propia voz. ¡Por fin! Estalló un grito y quien escuchaba quedó paralizado, queriendo mover los brazos para apagar el grabador, pero ya no le respondían y empezó a sentirse un prisionero en su propio cuerpo. Concentró su atención en tratar de moverse y olvidó unos segundos la grabación, cuando de nuevo la voz lo llamó. 

Durante muchos años fui un prisionero en tu cuerpo, nuestro cuerpo y ahora, estoy libre. 

En ese mismo momento, se paró y vestido como estaba bajó las escaleras y salió de su casa. Sin control de su cuerpo, su otro ser ahora era el que mandaba. Corrió unas cuadras hasta que se cruzó con una señora que devolvió la mirada con una sonrisa. 

Sin decir palabras se abalanzó sobre ella y la tomó el cuello. Tras unos minutos, el cuerpo sin vida de la viejecita caía y aquella carcajada que había escuchado en la grabación volvía a llenar el aire. Era consciente de todo, pero incapaz de hacer algo. 

Es horrible, no? Así viví tantos años, encarcelado… dijo, sabiendo que no era él quien hablaba. No podía hacer nada. Ni moverse, ni pedir ayuda. Solo era un espectador. 

Luego de mirar con satisfacción el cuerpo que yacía en el suelo, miró alrededor y cuando se aseguró que nadie lo había visto corrió sobre sus pasos de nuevo a su casa. Subió las escaleras y se dejó caer exhausto sobre la cama, en la habitación todavía revuelta. 

Un rayo de luz se coló por las cortinas y se posó directamente sobre su rostro. La cálida luz lo despertó y tras unos segundos comenzó a recordar. Horrible pesadilla, pensó y cuando se dispuso a levantarse no pudo. No podía moverse, hasta que se movió y entendió que no era él. 

Le costó el camino hasta el baño comprender que nada de lo que había pasado la noche anterior fue un sueño y cuando pudo hacerlo, ya estaba frente al espejo. 

Una sonrisa. Tan fría. Una carcajada y un miedo como el que jamás había sentido lo invadió. Todas las noches salían a matar. Todas las mañanas volvía a comprender que no era él quien controlaba su cuerpo y se arrepentía de haber grabado aquella noche.

FIN