Cayó al suelo una cosa exquisita, una cosa pequeña que podía destruir todos los equilibrios, derribando primero la línea de un pequeño dominó, y luego de un gran dominó, y luego de un gigantesco dominó, a lo largo de los años, a través del tiempo. La mente de Eckels giró sobre si misma. La mariposa no podía cambiar las cosas. Matar una mariposa no podía ser tan importante. ¿Podía? (El ruido de un trueno - Ray Bradbury)

Un nuevo despertar

Silencio... el sonido de un latido, una luz, un espasmo y... de nuevo silencio, repetía Winston en su mente, mientras lo examinaban sobre la fría camilla.

Las lámparas de la sala no lo dejaban ver prácticamente nada. Sólo reconocía tres siluetas que parecían abalanzarse sobre él. Ruidos de instrumentos, voces y más voces. Se sentía abrumado. De repente una hermosa calma lo invade y de nuevo silencio.

(TOC TOC)

Sr. Smith, es hora que despierte. Dice dulcemente la enfermera y antes de que él pueda emitir sonido agrega: Mi nombre es Nancy. Usted se encuentra en el Centro de Rehabilitación de la Crioclínica de Mendoza. Hoy es miércoles 5 de diciembre de 2125. En un momento vendrá el Dr. Martínez a hablar con usted y a guiarlo en su proceso de rehabilitación.

¿Proceso de rehabilitación? Pero si me siento muy bien, piensa Winston mientras se refriega los ojos, protegiéndose de la luz que entra por la ventana.

Buenos días, soy el Dr. Martínez, interrumpe la gruesa voz que inmediatamente capta la atención de Winston que sólo atina a saludarlo tímidamente con la mano. El médico sonríe. No se preocupe ni se esfuerce por hablar, le aclara, es normal que durante las primeras doce horas desde la descriogenización no pueda hacerlo. No se inquiete. Winston asiente con la cabeza, intimidado por la sola presencia del médico.

El Dr. se sienta, y toma de una mesita una pila de papeles. Sr. Smith, dice con voz grave, si bien usted físicamente se encuentra en óptimas condiciones, temo decirle que ha perdido todo recuerdo de su vida anterior a la criogenización. El Dr. hace silencio y mira fijo a Winston, esperando su reacción.

Baja la mirada y quiere esbozar algún sonido cuando recuerda que no puede. Se siente desconcertado. Sabe que ha perdido algo, pero no sabe qué. Es una sensación de vacío que nunca había sentido antes. Preguntas y más preguntas sin respuestas. Se incorpora de la cama y mira al médico con un ademán, le pide que siga hablando.

Sr. Smith, dice el médico que parecía nunca perder las formalidades del caso, lo que se hace en estos casos es proveerle toda la información que tengamos disponible en nuestro registros sobre su vida anterior. Comprenderá que nadie después de tanto tiempo tiene algún recuerdo de usted o de algún familiar suyo. Winston asiente con tristeza.

Usted es libre de irse de la Crioclínica en el momento que lo desee. Nuestra red de servicios post descriogenización le proveerá lo necesario hasta que puede reencauzar su vida. Eso es todo Sr. Smith, si tiene alguna pregunta puede escribirla, dice el Dr. mientras señala el papel y el lápiz que se encontraba en la mesa de luz. Winston lo toma y piensa un instante. Escribe y le pasa el papel al médico.

No lo se, dice el Dr. apesadumbrado al no poder contestar, baja la mirada y sigue: El por qué de su criogenización está marcado como reservado en su expediente y por lo tanto borrado del mismo. Nadie lo sabe salvo usted. De inmediato sube la mirada y agrega: Lo siento, nadie lo sabe.

Sr. Smith, debo retirarme, dice el médico y se va rápidamente mientras Winston lo saluda con la mano.

La enfermera, que seguía en la puerta, mira a Winston y sonríe. Él siente un instante de calma en medio de tanta incertidumbre. Se recuesta y se queda profundamente dormido.

Cuando despierta ve la ropa preparada y casi sin pensarlo se levanta y se viste. Toma el desayuno que ya estaba preparado en la pieza y se sienta un rato en la cama. Piensa, piensa, pero no sabe que pensar, se hace preguntas y no sabe qué preguntar.

La enfermera entra y sin decir nada le entrega una carpeta. Mi expediente!, piensa Winston y la mira. Ya puede usted hablar Sr. Smith, dice riendo la enfermera.

Perdón, no sabía que había pasado tanto tiempo, dice Winston con voz quebradiza. Gracias por todo, ¿Es este mi expediente?

Si, es suyo, dice la entermera y agrega: Espero que encuentre respuestas. Tras una pequeña pausa sigue hablando: También es suyo este bolso donde encontrará lo que necesita y estos papeles son su documentación y sus credenciales para circular por la ciudad. Le deseo lo mejor.

Winston se despide y sale de la pieza. En la puerta se detiene y mira hacia atrás y ve a la enfermera que ya había empezado a ordenar la habitación. 

Camina por los pasillos y se da cuenta de lo inmenso que es el edificio. Sigue los carteles hasta que una fuerte luz de la la pauta que se encuentra cerca de la salida. El pasillo lo lleva a un gran salón. Se queda admirado por la pared de vidrio que se levanta frente a él. La gente camina a toda prisa y rápidamente se confunde en la muchedumbre.

Se acerca a la puerta y antes de dar ese último paso se detiene un instante. Se da cuenta de lo desconocido que es todo para él, de lo sólo que está en este tiempo y de que nada puede recordar de su pasado. ¿Familia, trabajo, amigos? Nada, todo en blanco.

Winston se decide a dar ese último paso y no puede creer lo que ve… la gente, los edificios que se pierden en el cielo, los ¿autos? Boquiabierto mira a su alrededor y deja caer el bolso. Pasaron 100 años, piensa clavando la mirada en un lejano parque. ¿Será? Se pregunta susurrando.

Cuando empieza a bajar la escalinata siente una voz, una dulce voz, que lo llama: Sr. Smith, todavía no ha terminado su proceso de rehabilitación, dice Nancy que cuando nota que ha llamado su atención agrega: Usted debía pasar a otra sección de la Crioclínica, no retirarse. Ha sido mi error. Le toma la mano a Winston, que se deja llevar.

Lo lleva por sinuosos pasillo hasta un consultorio en donde lo espera el Dr. Martínez. Disculpe por el malentendido, dice el médico mientras clava la mirada severa en Nancy. Winston se adelanta diciendo: No se preocupe Dr., antes de que el médico agregue algo más.

El Dr. invita a Winston a sentarse mientras con un ademán despide a la enfermera, que sin decir palabra alguna se retira.

Sigue el médico: Usted sufre un particular cuadro de lo que denominamos fuga disociativa, causada por el hecho traumático de la criogenización. Winston mira como si el médico hablara en un idioma desconocido. Al darse cuenta de esto, el Dr. rápidamente agrega: Quiero decir, que usted es incapaz de recordar algunos eventos pasados y también ha perdido su identidad, aunque puede ser sólo temporal.

Después de un breve silencio, continúa: Como le adelante ayer Sr. Smith, ponemos a su disposición todo registro que tengamos a mano para ayudar a que pueda recuperar su identidad y logre descubrir el motivo de su proceso de criogenización.

Hemos contactado a la oficina de registro de las personas para que nos provea todo la información que tengan disponible. No podemos hacer más que eso, agrega el Dr. mirando al suelo con un dejo de culpa.

Winston solo asiente con la cabeza y se encoge de hombros. No sabe que decir o qué preguntar, sólo piensa en lo que vio en el fugaz contacto que tuvo con el exterior. Piensa en Nancy, en su propio pasado. Mi pasado… repite mentalmente con tristeza, mientras pierde la vista en la pared blanca del consultorio. De fondo se escucha la voz del médico que le da más y más explicaciones que a Winston no le interesan. Escucha pero no oye, él sólo quiere salir de ese lugar y de repente le llaman la atención las únicas palabras que a esa altura podían hacerlo: Hasta luego Sr. Smith, dice el médico. Por fin!! se dice a sí mismo Winston mientras extiende la mano para saludar al médico. Sin decir más nada se retira del consultorio.

Camina a toda prisa por los pasillos. Quiere ver, quiere estar ahí. Quiere conocer y descubrir que ha sido de Mendoza después de más de 100 años. Siente un extraño nerviosismo, algo le comprime el pecho y casi no puede respirar. Se detiene un instante para dar un par de bocanadas de aire y sigue hacia esa luz que había visto antes.

Al llegar no puede evitar desviar la mirada en la pared de vidrio que ya conocía. La pared se va curvando desde el piso hasta cerrarse en la cima del edificio. Ni un solo marco: todo vidrio. Mira boquiabierto y todo parece llamarle la atención. Parece un niño en una juguetería.

Otra vez frente a la escalinata que lo lleva definitivamente hacia lo desconocido. Inspira y trata de disimular su ansiedad. Quiere pasar desapercibido, pero no puede evitar mirar hacia arriba. Los edificios, piensa, no puedo creer que sean tan altos. La muchedumbre lo envuelve y se deja llevar. Cree recordar el nombre de alguna calle.

Mira, mira y no deja de mirar, maravillado, las luces de los carteles se reflejan en sus ojos. Camina y camina. Reconoce las acequias, la arboleda y no deja de maravillarse con los extraños autos que corren silenciosamente por las calles. Se percata del silencio, de la tranquilidad en medio del caos de gente y de tráfico. Todo le resulta extraño, nuevo y a la vez persistentemente familiar.

Nadie lo mira, a nadie le parece familiar ni extraño. Se siente a gusto pasar desapercibido, pero no sabe por qué. ¿Algo de su pasado? se pregunta un instante, cuando su vista es atraída por un cartel holográfico. Las preguntas, evidentemente, quedarían para más adelante.

En algún momento recuerda la documentación que le había entregado Nancy. Se detiene un momento a leer y se da cuenta que se hace de noche. ¡Un lugar para dormir! piensa mientras busca alguna luz. Al ver los documento ve una dirección y las instrucciones para llegar todo con el membrete que le devuelve la seguridad que había perdido hace un instante: Red de Servicios post descrionización de la Crioclínica de Mendoza.

Winston pregunta a una persona que se detenía circunstancialmente frente a él sobre la dirección y sigue camino.

Mientras se dirigía hacia el departamento se toma un instante para reflexionar, todo ha pasado muy rápido. Ciento dieciocho años, piensa y su mente se pone en blanco. No puede entender el tiempo que ha pasado y la sensación lo perturba. Ciento dieciocho años, dice susurrando cuando una imperceptible lágrima se cuela por su mejilla. No tengo nada, nadie, se repite a si mismo persistentemente sin todavía entender cómo ha podido pasar tanto tiempo.

Todo esto lo abruma, necesita tiempo. Necesita respuestas y todavía no sabe como formular la pregunta. Se siente perdido entre un futuro que no conoce y un pasado que ha olvidado.

Pantallazos del pasado sin un hilo que los conecte. Lugares, personas, pero nada decididamente familiar y por sobre todas las cosas propio. Aquella imperceptible lágrima es ahora un llanto desconsolado. Se detiene un instante cuando se percata que ha llegado a destino.

Levanta la mirada y ve un rostro familiar. Un rostro que alivia su pesar. Sr. Smith, dice la dulce vos del dulce rostro, lo estaba esperando, pase por aquí…

Winston avergonzado se seca las lágrimas y se dirige hacia la puerta. Antes de entrar da un último vistazo a la calle… ¿Quién soy y por qué me criogenizaron? se pregunta bajando la mirada hacia la carpeta que le habían entregado en la Crioclínica.

Es hora de buscar alguna respuesta...

FIN